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Islandia

Islandia es un país insular nórdico que se caracteriza por su espectacular paisaje con volcanes, géiseres, termas y campos de lava. Cuenta con enormes glaciares protegidos en los parques nacionales de Vatnajökull y Snæfellsjökull. La mayoría de la población vive en la capital, Reikiavik, que se abastece de energía geotérmica y alberga el Museo Nacional y el Museo de Saga, que recorren la historia vikinga de Islandia.

Turismo

La mejor época para ir

Islandia tiene un clima subpolar. El período con más visitantes es durante el verano (junio a agosto), con un clima templado y cerca de 24 horas de luz solar. Thjodhatid (agosto, isla de Heimaey) es un festival de música al aire libre con fogatas y fuegos artificiales. El festival musical Iceland Airwaves (noviembre, Reikiavik) reúne a artistas famosos de todo el mundo y bandas locales. El invierno (diciembre a febrero) es frío, oscuro y lluvioso, con fuertes vientos. El Festival de las Luces de Invierno (febrero, Reikiavik) cuenta con monumentos iluminados y eventos culturales.

Que visitar

ENERGÍA Y RELAX EN LA CAPITAL DE ISLANDIA

Reikiavik, moldeada por las energías de la Tierra, rebosante de la energía de una capital cosmopolita, rodeada por la pura e impoluta energía de la naturaleza, es una ciudad de llamativos contrastes, donde se ven casitas de láminas de hierro ondulado, acurrucadas junto a futuristas edificios de cristal, donde se encuentran instalaciones de última tecnología a tiro de piedra de escabrosos terrenos volcánicos y donde las influencias internacionales se mezclan con las tradiciones nacionales islandesas, creando una cultura singular en una simbiosis de lo antiguo y lo nuevo.

Sean cuales sean sus intereses, Reikiavik tiene algo que ofrecerle. Tanto si busca la ajetreada energía de una ciudad cosmopolita, como la vibrante energía termal de la tierra bajo sus pies, o la tranquila y verde energía del paisaje que rodea la ciudad, la visita a Reikiavik promete ser memorable. Un buen modo de experimentar la energía pura de Reikiavik es acudir a alguno de los numerosos balnearios o piscinas de la ciudad. Allí podrá disfrutar de un baño, o de un saludable remojón en las pozas calientes.

Las piscinas públicas son parte del modo de vida de los ciudadanos de la capital y un lugar idóneo para conocer a los islandeses. Mientras toma un relajante baño de burbujas, podrá ponerse al día en política islandesa, estar al tanto de la predicción meteorológica o recibir algunos consejos acerca de cómo aprovechar su estancia en la isla. No hay mejor manera de tomarle el pulso a la ciudad.

La magnífica naturaleza que rodea Reikiavik convierte a esta ciudad en única para los más aventureros, que pueden escoger entre un amplio número de actividades. La pesca del salmón, una partida de golf a medianoche, navegación, escalada, caminatas por el glaciar, excursiones a caballo o el avistamiento de ballenas forman parte del atractivo de la capital y pueden realizarse en excursiones de un solo día, con tiempo para estar de vuelta en la ciudad para la cena.

Reikiavik se enorgullece de tener una excelente gama de restaurantes de calidad, renombrados por su cocina creativa y sus frescos ingredientes locales. No deje de probar el marisco, la ternera o la caza que encontrará en el menú; le sorprenderán.

Infinita Diversidad

En el Oeste y los Fiordos del Oeste se palpa la historia geológica de Islandia, desde su creación, hace 15–16 millones de años, hasta la colonización en el s. IX, cuando la actividad volcánica cesó en la zona. Las rocas más antiguas están en Kögur y las más jóvenes al fondo de Borgarfjörður. Esta historia se refleja en la diversidad paisajística, con toda clase de volcanes y geotermia, desde fuentes de agua mineral hasta el géiser más caudaloso de Europa, el Deildartunguhver. Uno de los lugares que mejor evidencian el vulcanismo es Snæfellsnes, con su mítico Snæfells-jökull y su parque nacional, enmarcado en un municipio de Turismo Sostenible, certificado por el Green Globe 21.

Las fuerzas que van demoliendo la tierra, los ríos y los glaciares, también han dejado sus huellas en el paisaje, como en Breiðafjörður, con sus incontables islas, o en los Fiordos del Oeste, al principio una elevada meseta y hoy recortada por fiordos y valles. También atrae la ecología, sobre todo la gran variedad de aves. Breiðafjörður es el paraíso de los ornitólogos, y en los Fiordos hay los tres mayores acantilados de aves de Europa: el mayor es Látrabjarg, la última atalaya hacia el oeste.

El Oeste y Breiðafjörður, bastante poblados desde la colonización, son el marco de muchas de las sagas que extienden su acción hasta los Fiordos; hechos recordados en Reykholt, la granja de Snorri Stuluson; en el pueblo de Borgarnes, con su Centro de la Colonización, donde los visitantes pueden ver dos exposiciones con audioguía: una sobre la colonización de Islandia y la otra sobre Egill Skallagrímsson, uno de los personajes más interesantes de la época de la colonización. Otro lugar que merece una visita es Eiríksstaðir, el hogar de Eric el Rojo donde supuestamente nació su hijo, Leif el Afortunado, quien descubrió América en el año mil, 500 años antes que Colón.

Últimamente han surgido nuevos núcleos de población en Borgarfjörður, p. ej. alrededor de dos universidades: la de Ciencias Empresariales de Bifröst y la de Ciencias Agropecuarias de Hvanneyri.

Disfrute de la Paz y la Tranquilidad de los Fiordos Occidentales

Aún más al norte, se encuentran los Fiordos del Oeste, la región más salvaje y menos poblada del país, a excepción del centro. Su acantilados verticales como el Látrabjarg (444 m.) —el “Finisterre” de Europa— y el Hornbjarg (534 m.) quitan el aliento. Impresionante de contemplar es el salto de Dynjandi cuyas aguas parecen lamer el flanco de la montaña.

El pueblo de Ísafjörður, acurrucado en su fiordo, es el punto de partida para excursiones memorables, bien a pie, bien en kayak o en barco de motor.

Entre los destinos posibles: la adorable isla de Vigur, donde el tiempo parece haberse detenido, o bien, las orillas de los fiordos, hoy día desiertos de gente, donde una exuberante vegetación ha recuperado su dominio.

En varios pueblos, los pequeños museos singulares subrayan el carácter particular de esta región aislada, donde antaño se practicaba la brujería.

Esto y mucho mas tiene ISLANDIA, para ofrecer a los turistas, una isla mágica que hay que ir aunque sea una vez en la vida.

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